lunes, 29 de febrero de 2016


Llegará un día en el cual no necesitaremos un banco para nada, al menos no uno tradicional. Ni para financiarnos, ni para pagar, ni para invertir, ni para nada. Quizá escojamos la opción tradicional, y decidamos sentarnos con nuestro gestor comercial en una sucursal, o quizá no. Por primera vez desde que la banca moderna existe, tendremos la opción y no la obligación, de trabajar con ella. Por primera vez las barreras de entrada del sector se romperán y solo sobrevivirán quienes realmente satisfagan las necesidades de sus clientes, y no quien mejor sepa ‘exprimir’ a un consumidor cautivo.
Y no hablo de un lejano futuro, sino de unos pocos años, incluso meses. La nueva e imparable tendencia ‘fintech’, compuesta por aquellas compañías que usan la tecnología para mejorar cualquier tipo de servicio financiero, ya está aquí. Podemos pensar que se trata de una moda más, y que si la banca lleva siglos sin sufrir verdaderos cambios disruptivos gracias a lo que Buffett llamaría ‘moat’, tampoco lo hará ahora. No es así.
La banca cuenta con una garantía soberana sobre sus depósitos, posee el privilegio de crear dinero, puede disponer de líneas de emergencia o incluso rescates si se queda sin liquidez o es insolvente (respectivamente), ha conseguido desarrollar un canal de distribución de los más fuertes que existen y su ‘know how’ concediendo crédito parece incomprensible para el común de los mortales. No es extraño que el ROE medio del sector a nivel mundial sea de doble dígito en los últimos 30 años, y aun hoy en día, con la que está cayendo, del 9,5% según McKinsey (siendo Europa occidental la zona menos rentable, aquí se destruye valor para el accionista). Poderosas razones, pero no suficientes para frenar a las fintech.
La generación de los millennials es infiel, informada y tecnológica. No será cliente de una entidad porque lo haya sido toda la vida o porque lo sean sus padres
Existen tres motivos para apostar por la disrupción. Una es que mi generación, la generación de los millennials (1980-2000), es infiel, informada y tecnológica. Aunque es difícil y probablemente incorrecto clasificar y generalizar, se dice que somos mucho menos leales a las marcas que anteriores generaciones (aunque existen estudios que afirman que somos más leales a nuestras marcas preferidas y menos al resto), algo que se extrapola al mundo financiero. Nos informamos, especialmente por internet y por nuestros amigos, y decidimos.
La generación Y no será cliente de una entidad porque lo haya sido toda la vida o porque lo sean sus padres, si otra le parece mejor se irá sin pensárselo demasiado. Y es ahora cuando esta generación se está bancarizando y convirtiendo en una masa crítica para el sector financiero. De ahí que surjan propuestas como ‘imaginBank’, de CaixaBank, una banca enfocada totalmente a este consumidor (publicidad ‘hipster’, plataforma totalmente móvil, sin comisiones tradicionales, con descuentos para compras y eventos, y por supuesto mencionan la palabra ‘experiencia’… A-B-C de prototipo millennial).
Otro motivo, muy relacionado con el anterior, es que la tecnología se ha colado de pleno en nuestro día a día, especialmente el móvil. No solo entre los más jóvenes, incluso los más mayores se atreven con las pantallas táctiles. Todo el mundo se ha rendido a la tecnología, lo que posibilita que exista un público muy receptivo a la innovación. Antes desconfiábamos, pero ahora hemos comprobado que servicios como Paypal no son un timo y, ¡estamos deseando que Google, Facebook o Apple nos den más!
Hasta ahora montar un banco era impensable. Pronto veremos que con unos pocos millones se puede revolucionar algún campo de los servicios financieros
Con un público objetivo y la tecnología adecuada, no es extraño que surja el tercer motivo: el capital. Según Accenture en el año 2014 las tecnológicas financieras consiguieron levantar 9.890 millones de dólares solo en EEUU, o lo que es lo mismo, más de lo que los grandes bancos invirtieron en la reconversión digital de su propio negocio. Una locura. El dinero no lo es todo, pero la inversión se ha disparado globalmente, pasando de 4 mil millones de dólares en 2013 a 12 mil en 2014 según McKinsey. No todas las ‘start up’ triunfarán, pero solo con que unas pocas lo hagan ya será una revolución.
Al igual que WhatsApp ha golpeado a las telecos, Uber a los taxistas o el streaming a los videoclubs, ha llegado el momento de la banca. No será instantáneo, pero será imparable. Hasta ahora montar un banco era impensable, quizá imposible: licencia bancaria, inversión en oficinas, fidelidad de la clientela… Pronto veremos que con unos pocos millones se puede revolucionar algún campo de los servicios financieros. Y, entre todos, arruinarán el actual modelo de negocio de captar con producto de poco margen y colocar producto con alto margen. Vincular que le llaman. Habrá fuertes competidores en todos los segmentos.
Ya hablamos de ello en alguna ocasión cuando BBVA entró en OnDeck, una de las plataformas más populares de financiación a pymes de EEUU, y ésta realizó su primera emisión al mercado con los préstamos concedidos. Corría el año 2014, parece que fue ayer, pero en realidad es un mundo. Hoy por hoy, desde nuestra casa, podemos perfectamente convertirnos en banqueros. Por ejemplo en Lending Club nos permiten invertir en los préstamos que queramos, comprar un paquete con clientes de determinado scoring… Y como esta decenas de plataformas.
Tanto es así que hasta en España tenemos iniciativas geniales. Véase el siguiente mapa del fintech en España. Comprobaremos que no solo existen los ‘típicos P2P’, plataformas como Housers o The Crowd Estates permiten invertir en real estate de forma grupal, comprando inmuebles entre varias personas, reformando, alquilando, revendiendo o lo que se plantee según la operación. Y todo desde el PC con unos pocos clicks. Es muy fácil ser banquero hoy en día, ningún segmento está vetado ya, ni los particulares, ni las empresas, ni las hipotecas, ni los pagos, ni la inversión… nada. A modo de anécdota decir que en EEUU en el año 2007 el 74% de las hipotecas eran concedidas por la banca tradicional, en 2014 solo el 52%. 


En la siguiente gráfica de McKinsey puede observarse como, aunque con una penetración dispar, las empresas fintech empiezan a posicionarse en todo. Actualmente se centran más en los pagos y en el cliente minorista, pero poco a poco el abanico está creciendo a todo tipo de clientes y a todo tipo de productos. La consultora calcula que para 2025 entre un 10 y un 40% de los ingresos, y entre un 20 y un 60% de los beneficios se evaporarán (dependiendo del negocio, siendo la financiación minorista la más vulnerable).
Hemos pasado de un mundo en donde financiar era un privilegio, a otro en donde cualquiera puede hacerlo. Hemos pasado de un mundo de altos márgenes para la banca fruto de las barreras de entrada, a otro en donde conceder financiación es un producto ‘commodity’, y como tal verá reducidos sus márgenes, siendo solo los suficientes para que los más eficientes sobrevivan. O la banca se pone las pilas y crea valor por otros medios, o una fintech lo hará mejor, más barato y más sencillo. ¿O alguien duda que Google, si se lo propone, no puede saber mejor que un banco si somos solventes, y darnos un servicio más barato y sencillo?
Hay excepciones claro, pero la amenaza es muy real. Tanto es así que es muy probable que en los próximos meses no paremos de ver noticias al respecto, la última esta semana: BBVA anuncia una inversión de 250 millones de dólares en start ups financieras. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Y es que, o la banca se convierte en una fintech multidisciplinar, aplicando la tecnología y las nuevas tendencias a todas sus líneas de negocio, creando valor para el cliente en lugar obligarlo a un cautiverio artificial, o poco a poco nuevas empresas empezarán a comerse sus márgenes, sin prisa… pero sin pausa. Fintech: llamémosle locura, llamémosle revolución, pero también, llamémosle, futura realidad.

El vestido de una presentadora del tiempo le juega una mala pasada

El vestido de una presentadora del tiempo le juega una mala pasada: La presentadora del tiempo de la cadena KTLA 5 de Los Ángeles, Liberté Chan, fue protagonista de un insólito episodio durante una emisión en vivo. El mapa meteorológico apareció sobre su vestido debido a que su color era muy parecido al verde del fondo que se utiliza en el croma, una ampliamente conocida técnica audiovisual en cine y televisión.

el euro es el asesino de EUROPA


De la décomposition politique

L’une des caractéristiques de la situation actuelle est le désenchantement vis-à-vis du « rêve » européen. L’Europe, et en particulier sous sa forme de l’Union européenne, ne fait plus rêver. Elle inquiète et elle fait même peur. Le « rêve » s’est transformé en cauchemar, d’Athènes à Paris, en passant par Rome, Lisbonne et Madrid. Les causes en sont multiples : chômage de masse, politiques d’austérité à répétition dont le poids est toujours porté par les mêmes, mais aussi montée des réglementations liberticides et des détournements de souveraineté, enfin des comportements scandaleux à l’échelle internationale comme on peut le voir dans la gestion calamiteuse de la question des réfugiés ou dans l’alignement sur la politique étatsunienne avec le soutien apporté, de fait, aux néo-nazis qui sévissent à Kiev. Ce désenchantement se traduit par la montée des remises en cause de l’Union européenne, dont le débat sur une sortie possible de la Grande-Bretagne (ce que l’on appelle le « Brexit ») est l’un des exemples. Il provoque en retour la crise ouverte des élites politiques, et en particulier en France où la « construction européenne » avait depuis longtemps quitté le domaine de la raison pour entrer dans celui du dogme religieux. C’est ce qui explique le spectacle de décomposition accélérée que donnent les deux partis anciennement dominant de la vie politique française, le parti « socialiste » et l’ex-UMP rebaptisé « Les Républicains ».

Précis de décomposition

Cette décomposition est aujourd’hui une évidence au sein du P  « S ». La tribune co-signée par Mme Martine Aubry et quelques autres, tribune dont on a déjà parlé, en est l’un des symptômes[1]. Dans cette « rupture », qui semble bien aujourd’hui actée[2], entre deux lignes que pourtant tout rapproche et en particulier leur européisme, ce sont les querelles d’égo qui ont d’abord parlée. Et ceci est symptomatique d’une décomposition politique quand on n’est plus capable de faire le tri entre l’essentiel et l’accessoire, ou que l’on en vient à considérer que questions de personnes comme essentielles. De fait, la cohérence du gouvernement, et des partis qui le soutiennent, est déterminée par le vote du Traité sur la Stabilité, la Coopération et la Gouvernance (le TSCG[3]), vote qui fut obtenu en septembre 2012[4]. Ce Traité sur la Stabilité, la Coordination et la Gouvernance, contient en réalité trois mensonges pour le prix d’un. Quelle stabilité, quand on voit dans le rapport récent du FMI[5], que les mêmes mécanismes qui ont été mis en œuvre depuis 2010 n’ont fait qu’aggraver la crise? Quelle stabilité encore quand on voit la dépression que connaissent les pays en crise? Parler de stabilité est ici un mensonge flagrant. Quelle coordination, encore, quand on sait qu’il n’y a de coordination qu’entre des agents libres et des Etats souverain, alors c’est à une autorité hiérarchique que l’on a affaire, et qu’il n’y a dans ce traité qu’asservissement à des agences dites indépendantes ? J’écrivais en octobre 2012 : « Ce Traité organise en fait le dépérissement de la démocratie en Europe avec la fin de l’autorité suprême des Parlements nationaux en matière budgétaire. Or, il faut s’en souvenir, c’est par le consentement à l’impôt que commence la démocratie[6]»
Quelle gouvernance, enfin, dans un Traité qui s’est avéré inapplicable et qui n’a pas eu d’autres fonctions que d’être violé à peine signé ? Mais ce traité désastreux a bien été l’inspiration des diverses mesures prises par François Hollande et ses divers gouvernements. C’était ce traité qu’il fallait combattre et non pas pleurer sur ses conséquences. Ceci ne rappelle que trop cette célèbre phrase de Bossuet qui s’applique, hélas, parfaitement à cette situation : « Mais Dieu se rit des prières qu’on lui fait pour détourner les malheurs publics, quand on ne s’oppose pas à ce qui se fait pour les attirer. Que dis-je? Quand on l’approuve et qu’on y souscrit, quoique ce soit avec répugnance »[7].
Mais, la décomposition sévit aussi dans l’opposition. La « primaire » que les « Républicains » veulent organiser n’est pas seulement une injure aux institutions, dont ce parti devrait, de par ses origines, être le meilleur défenseur. Elle se traduit par une surenchère de petites phrases, des postures dont raffolent certains dirigeants politiques, le verbe haut et les coups bas. Car, entre MM. Fillon, Juppé Le Maire et Sarkozy, où sont les différences ? Un peu plus ou un peu moins d’austérité ? Quelques cadeaux en plus ou en moins pour le MEDEF ? Le jeunisme brouillon contre la calvitie couverte d’erreurs ? Ce sera, toujours, le même alignement sur Bruxelles, sur l’Union européenne et sur l’Allemagne. Il faut espérer qu’une voix se lève pour faire entendre un autre discours. Mais, en attendant, nous avons droit au même spectacle que celui donné par les « solfériniens ».
Enfin, des histrions proposent des candidatures de fantaisies, comme celle de Nicolas Hulot, sans se soucier du programme qui pourrait la sous tendre. Cette focalisation sur des personnalités est bien la preuve que nous sommes dans un espace politique complètement décomposé.

Les causes de cette décomposition

Pourtant, l’heure est grave. La situation de la France n’a d’égal que la crise que connaît l’Union européenne. Il suffit de lire ce qu’écrit un auteur « européiste », mais pourtant lucide, pour s’en convaincre[8]. Car cette crise qui perdure a une origine. Cette destruction de l’ensemble du cadre économique et social que nous connaissons en France vient de ce que l’Euro favorise ou impose dans les différents pays membres. Mais, elle découle aussi du cadre politique implicite qui se met en place à propos de l’Euro dans les pays de la zone Euro. Aujourd’hui, la plupart des européens sont désormais conscients des effets négatifs sur l’économie de la monnaie. On sait ce qu’elle entraîne, et ce qui était prévisible depuis près de dix ans[9] : croissance faible et montée du chômage. La crise de la zone euro est désormais une évidence, même pour les idéologues les plus bornés. Aucun des problèmes fondamentaux posés dès l’origine n’a été résolu, et leurs effets désormais s’accumulent. Les solutions partielles qui ont été proposées, et présentées comme des avancées historiques vers une Europe fédérale, posent en réalité bien plus de problèmes qu’elles n’en résolvent. La zone euro n’a plus d’autre choix que de s’engager toujours plus dans dans une politique de déflation, dont les conséquences cumulées sont redoutables pour les peuples des pays qui la composent, ou de disparaître.
L’attractivité de l’Euro mais aussi de l’Union européenne est en train de s’effacer. La faute en revient aux politiques d’austérité qui ont été mises en œuvres ouvertementpour « sauver » l’Euro, c’est à dire pour résoudre la crise des dettes souveraines. Or, ces politiques ont plongé les pays qui les ont appliquées dans des récessions très profondes[10]. Il faudra que très rapidement les dirigeants des différents pays en prennent acte et soit trouvent des thèmes susceptibles de refonder cette attractivité soit comprennent que l’on ne peut durablement faire vivre des institutions contre la volonté des peuples.

Pour des Comités d’Action de la révolte sociale

Les quolibets et les insultes que le Président de la République a subis au salon de l’Agriculture le matin du samedi 27 février sont exemplaires de l’exaspération d’une profession, mais au-delà des Français. Or, les problèmes de l’agriculture française, dont les sources sont multiples et où le rôle de la grande distribution est à signaler, seraient largement réduits si une différence de 40% s’établissait entre le Franc retrouvé et le Deutsche Mark. Cella correspond à ce que donnent les calculs dans le cas d’une dissolution de la Zone Euro, soit une dépréciation de 10% pour le Franc et une appréciation de 30% pour le DM. Notons encore que c’est l’Union européenne qui s’oppose à la signature d’accords garantissant les prix d’achat aux producteurs, au nom du sacro-saint respect de la « concurrence libre et non faussée ». Le gouvernement français aurait parfaitement les moyens de régler cette crise en jouant sur les prix et non par des suppressions de cotisations, qui ne sont que des palliatifs temporaires.
La montée de l’exaspération populaire est aujourd’hui palpable, et sur l’ensemble des terrains. C’est ce qui explique le retentissement des manifestations du salon de l’Agriculture le 27 février. De la calamiteuse « loi Travail » à la situation dramatique des agriculteurs, de la révolte des enseignants contre la réforme du collège et le discours de l’éducation nationale à la casse des services publics et de l’esprit public (avec son corollaire, la laïcité) sur l’ensemble du territoire, il est temps que ces diverses colères trouvent leur débouché politique. Ce débouché ne peut être qu’une position radicalement opposée à l’Euro et renvoyant l’Union européenne à une réforme immédiate. Ce débouché doit prendre la forme d’un rejet immédiat des deux partis, le P « S » et les « Républicains » dont la cogestion de la France au sein de l’idéologie européiste a produit la situation actuelle. Cela impose de dire haut et fort que nous ne voterons en 2017 ni Hollande, ni Aubry, ni aucun des clones que nous produira cette « gauche » déshonorée, ni pour Juppé, ni pour Sarkozy, ni aucun de ces clowns issus de la matrice européiste.
Cette convergence des luttes doit s’organiser, si possible avec l’aide des syndicats, ce qui serait naturellement souhaitable, mais s’il le faut sans eux. Un grand mouvement decomités d’action de la révolte sociale est possible. Ces comités doivent avoir deux principes directeurs : la volonté de faire converger les luttes et le rejet clair et sans ambiguïté du cadre européen avec la volonté affirmé de retrouver notre solidarité. Telle pourrait être la meilleure sortie possible de la situation de décomposition politique dans laquelle nous nous trouvons.
[1] Voir Sapir J., « L’indécence et l’impudence de la tribune de Martine Aubry » note publiée le 26 février in RussEurope, http://russeurope.hypotheses.org/4746
[3] Voir le Traité sur la Stabilité, la Coordination et la Gouvernance, dit TSCG, URL :http://www.consilium.europa.eu/media/1478399/07_-_tscg.en12.pdf
[4] Voir Sapir J., « Honneur au Soixante-dix », note publiée le 9 octobre 2012 surRussEuropehttp://russeurope.hypotheses.org/266
[7] Bossuet J.B., Œuvres complètes de Bossuet, vol XIV, éd. L. Vivès (Paris), 1862-1875, p. 145. Cette citation est connue dans sa forme courte « Dieu se rit des hommes qui se plaignent des conséquences alors qu’ils en chérissent les causes ».
[8] Fazi T., « Why The European Periphery Needs A Post-Euro Strategy », 25 février 2016, https://www.socialeurope.eu/2016/02/bleak-times-ahead-for-the-european-periphery/
[9] voir J. Bibow, (2007), ‘Global Imbalances, Bretton Woods II and Euroland’s Role in All This’, in J. Bibow et A. Terzi (dir.), Euroland and the World Economy: Global Player or Global Drag?, New York (N. Y.), Palgrave Macmillan, 2007
[10] Baum A., Marcos Poplawski-Ribeiro, et Anke Weber, (2012), « Fiscal Multipliers and the State of the Economy », IMF Working papers, WP/12/86, FMI, Washington DC. Blanchard O. et D. Leigh, (2013), « Growth Forecast Errors and Fiscal Multipliers »,IMF Working Paper, WP/13/1, FMI, Washington D.C..

sábado, 27 de febrero de 2016

florentino dimisión


Gritos de “¡Florentino, dimisión!”florentino dimisión.


Gritos de “¡Florentino, dimisión!”

  • La grada los cantó poco después del gol del Atético de Madrid
Florentino Pérez volvió a escuchar como el Bernabéu pedía su dimisión
Florentino Pérez volvió a escuchar como el Bernabéu pedía su dimisión (JOSÉ ANTONIO GARCÍA SIRVENT - MD)
REDACCIÓN
MADRID
Los gritos de ‘¡Florentino, dimisión!’ volvieron a escucharse en el Bernabéu y en varias ocasiones. Fue poco después del gol de Griezmann cuando comenzaron a escucharse. Los primeros que los cantaron fueron los aficionados del Atlético de Madrid presentes en las gradas del Bernabéu y fueron respondidos con pitidos, pero pocos segundos después, se volvieron a escuchar los cánticos y no eran los aficionados rojiblancos los que los cantaban, si no madridistas.
Esa primera vez, algunos pitos fueron la respuesta del resto de la afición, pero minutos después, los cánticos volvieron a aparecer y no sólo no hubo pitos si no que la mayoría del Bernabéu cantó el ‘¡Florentino, dimisión!’. La afición blanca está más que harta de la marcha del equipo esta temporada y esta tarde lo demostraron pitando a James, a Isco, a Danilo y también de Florentino Pérez al que ya no le queda el escudo del entrenador para salvarse